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Tuesday, May 06, 2008

sueño de una noche de verano

Gracias a los adelantos de la tecnología yo puedo compartir con los que están lejos casi todo lo que hago día a día. Puedo grabar video, audio, tomar fotos, escribir, conectar la webcam, compartir la música, los documentos, el calendario, todo. O bueno, casi todo.

Ahora que en México empieza el verano (el que siga creyendo que con este calor esto es primavera que regrese cuando no sea tan iluso) recuerdo que aún con todos los adelantos de la tecnología yo no puedo compartir los olores. Y resulta que el barrio en donde ahora vivo huele a lo mismo que olía la Bucaramanga de mi infancia. Sobre todo en las noches.

Las noches de tierra caliente deben ser iguales en todo el mundo. Sobre todo si uno vive en una ciudad de casas, en donde la gente aún abre la puerta y saca las sillas al frente para recibir un poco de la única brisa que corre tranquila. Y hay algo con ese olor a tierra caliente, a brisa, a pasto verde, al día que ya se acaba….que a mi me devuelve inmediatamente a la Bucaramanga de mi infancia.

Cuando yo era niña todas las vacaciones las pase en casa de mi abuela materna (la nona) en Bucaramanga. Era la ciudad de todos los primos y la única ciudad en donde nos dejaban salir hasta las “indecentes horas de la noche” sin mayores problemas. Éramos tantos primos, y siempre andábamos en grupo, que nadie venía ningún problema en que caminábamos de noche de casa en casa mientras recogíamos más gente para jugar a las escondidas, o comíamos en todas las cocinas que se nos atravesaban.

De vez en cuando los paseos incluían a mis padres que también iban a descansar un rato, y entonces salíamos los cuatro de noche, a casa de algún primo a celebrar alguna novena o el cumpleaños de alguien, que bien podía ser el mío. Eran noches de verano, tranquilas, frescas, con el ese olor a tierra caliente, con el pasto un poco fresco, con la gente en las calles, con la alegría de poder caminar 4 cuadras in morir asfixiado…..a eso me huelen a mi las tardes de verano.

Ahora vuelvo a vivir un verano como tal. En las noches, aprovechando que si se puede, me gusta regresar caminando hasta casa, y me voy por toda la Condesa, evitando las grandes calles, conociendo y recorriendo el barrio y viendo la gente. A veces me gusta tanto el barrio que ni siquiera prendo el reproductor de MP3. Muy pocos saben que lo mejor de las noches, son los sonidos.

La gente de la condesa, la que no vive atrapada por los bares y los antros de las grandes avenidas, es gente de casa. Es decir, esas casas que tienen portón y contraportón. Y que salen con sus mecedoras al frente para recibir la brisa que a esa hora si corre. Muchos, pero muchos, están paseando a sus perros, y hay algunos muy inteligentes que aprovechan esa hora para hacer ejercicio. Los entiendo, si de correr se trata, yo también prefiero que sea cuando ya no está el despiadado sol de las 2 p.m (y sus 34 grados centígrados).

La magia de todo el asunto, es que bordeando las calles pequeñas, y dando grandes rodeos por la Condesa, siente uno que en realidad se fue a vivir a una ciudad pequeña, y de tierra caliente. Como la Bucaramanga de mi infancia. Me pregunto cuánta gente mexica sabra en realidad que la Condesa es mucho más que la Calle de Tamaulipas y el Pata Negra?. Yo apostaría que muy pocos...si acaso los afortunados que preferimos caminarla

El problema, en realidad, es que no se han inventado el aparato que permita extrae el olor de las noches de verano en tierra caliente, los junte con mis recuerdos de infancia y me dejen compartirlos con los que están lejos.

Habrá que seguir esperando.

1 comment:

Diego Esteban said...

esta entretenido, visita el mio k es http://superflifli.blogspot.com/