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Thursday, August 07, 2008

Déjá vú

En mi ex trabajo allá había un restaurante cubano muy cerca de la oficina. Con cierta frecuencia, ya para qué negarlo, íbamos todos (la oficina éramos 4 gatos, también) a comer (a.k.a almorzar) allá. La vieja cubana que atendía sabía que nosotros íbamos no tanto por la comida, que igual y estaba rica, como por la posibilidad de tomar mojitos cubanos siendo apenas las 12 o la 1 de la tarde.

El ritual siempre me había hecho falta acá, pero como los pocos restaurantes cubanos que yo conocía quedaban muy lejos del mapa urbano en el que yo me muevo, pues me había hecho a la idea. Sin embargo, hace un par de semanas abrieron un restaurante cubano en una de las esquinas por las que paso todos los días en bici. Es un sitio súper chiquito, atendido por 3 negros de cómo dos metros de altura, y de esos que son más azules que negros. Juro que yo me encuentro a esos manes en la noche y grito. Pero la verdad, en el ambiente de un restaurantito cubano, a las 2 p.m. y con son cubano de fondo, se ven bastante divertidos.

Así pues, el lunes pasado, pasando junto al restaurante, y en el momento en que tengo que frenar para esperar a que pasen los carros (es una esquina) uno de los dueños me grito que tenia que ir a comer

- Aja niña es que siempre pasas por acá, tienes que entrar y probar.

A mi me dio risa el “aja niña” que me recordó las épocas en que mi mamá se las daba de samaria y le conteste que lo iba a pensar y a probar un día de estos.

- si, el día menos pensado caigo por acá.

Hoy me atreví a ir, tentada por el valor nutricional que tiene tomarse un mojito después de una mañana de trabajo. Es increíble lo bien que se ve el mundo después de un trago así. Y además, volver a comer moros y cristianos hizo lo demás para sentirme a gusto. Los negros son divertidísimos, hablan a gritos, y tiene muy buen gusto a la hora de poner música. En determinado momento, cuando yo tenia demasiados platos en la mesa, una abeja empezó a joder la vida. A mi la verdad no me dan miedo las abejas, ni que me piquen, pero son bastante molestas cuando uno está tratando de llevarse un pedazo de ropa vieja a la boca y ella decide que también quiere probar.

Al ver mi encarte con el tema de la abeja uno de los negros se acerco a mi mesa y empezó a ayudarme a medio matar a la abeja, o al menos a asustarla.

-niña es que estas muy dulce, por eso no te quiere dejar
- si claro, tan dulce yo
- Seguro si, es más, así de dulce, seguro que todos los hombres deciden llamarte hoy
- Tamos comparando a los hombres con las abejas?
- jajaja. No se. No. Bueno niña no lo se, pero si vuelves otro día lo discutimos.

Sobra decir. Yo quiero desarrollar esa teoría. Habré de volver.


Pd: Por cierto, en este caso si me permito hacer la recomendación. En toda la esquina de Benjamin Franklin con Cholula, en la Condesa, en México D.F. hay un restaurante cubano en donde los mojitos saben a gloria, y la comida a algo más. Muy recomendado.

5 comments:

::::VARGAS:::: said...

Pues que le digo, niña dulce?

Hay tipos muy abejas, y otros que no son atraidos por lo dulce, todo lo contrario.
Pero por lo general los negros de dos metros saben más de la vida que yo, así que no me haga caso.

Mafe said...

Pero si sumercé es duuuuulce!
Que le vamos a hacer?

Mija, sumercé vaya, cualquier cosa es cariño... no?

clonada said...

Snif... Este post me ha tocado la fibra.

rute said...

muy interesante, muy interesante esa teoría... y sabe? yo siento un poco que es también como dice vargas, a algunos los atrae (por tan diversas razones como hombres hay) y a otros los espanta. Le envío un saludo largo niña! Ojala tengamos pronto un rato para charlar. Cuídese mucho.

Cerebro said...

Me antojé... no me recuerdes restaurantes cubanos... me da la gran nostalgia de la vida! Quiero un mojito!!