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Wednesday, January 21, 2009

Crónica de una maldad anunciada

Lo único que se necesitó para convertirme en una vándala, fue un vecino pendejo. No, así no. EL Pendejo.

Lo corto del proceso, me asustó. He de admitirlo. Bastaron 3 días de diplomacia perdida para que yo decidiera que eso también tenía un camino fácil y que por ahí me iba a ir yo.

Impresionante.

Resulta que este año mucha gente en México le pidió al niño dios – bueno, a los Reyes Magos, una bicicleta. Lo se por que aumentaron exponencialmente las bicis en todas partes, por que ya se encuentra uno fila de gente en bici en los semáforos y por que en mi edificio amanecieron después del puente de Reyes 3 bicicletas más.

Compartir la bandara a la que uno amarra las bicis a partir de ese día fue un martirio. Lo normal era que mi rommie y yo ocupáramos el espacio que está mas hacía la puerta, dado que somos las que más usamos la bici. Sobre todo lo mía, que siempre está – lo confieso – a medio amarrar en alguna esquina por que a mi me da pereza amarrarla con todas las de la ley si a los 20 minutos la voy a volver a sacar.

El asunto cruzo la línea del no retorno cuando el fin de semana, el domingo, me di cuenta que uno de mis vecinos – a la fecha desconozco quién es  El Pendejo – amarró su bici, no a la baranda, sino a MI bici. Lindo, no?. Es decir, claramente yo podía sacar mi bici, pero no se si alguna vez han intentado manejar una bici con otra amarrada al lado. Es bastante complicado. Es el equivalente a llegar borracho y estacionarse frente a otro carro y que te valga madres.

Yo no se quién es el dueño de esa bicicleta. Y no se si les ha pasado, pero no hay nada más frustrante que un pendejo desconocido. Aterrador. Aun así, para no hacer quedar mal a mis padres (qué a usted no le enseñaron modales??) yo primero intente las vías diplomáticas.

Es decir, dejar una nota en MI bici (hay que ver la desfachatez de este Pendejo) pidiéndole por favor que zafara su bici, para liberar la mía. Después hable con la administradora a ver si ella conocía al dueño de la bici amarilla (la otra). Pero no. Después llame a TODOS los aptos del citófono de la puerta para preguntar si alguno era el dueño de la bici (Estoy segura que es un man, es una bici de man). Y nada. Lo último que hice fue dejar otra nota – está vez un poco agresiva – diciéndole al Pendejo que si no quitaba su bici, yo la iba a quitar, por las buenas o por las malas.

Sobra decir que jamás me he sentido más Colombiana que escribiendo esa nota en todo amenazante (adelante pro patrios, vuélvanme pedazos).

El caso es que nada. Ayer volví de cine con un amigo y las bicis seguían amarradas. Pero este pequeño comando ya había tomado cartas en el asunto (Lección 1: no amenazas, si no piensas cumplir). Yo ya había pasado por una ferretería y bajo la historia de “ayy es que se me olvido la clave de la cadena de mi bici” (Lección 2. los mexicanos son crédulos como nadie) me vendieron unas pinzas especiales para partir ese tipo de dispositivos. Todavía el tipo de la ferretería me aseguro “noo guerita, si está es la misma que usan los ladrones”. Perfecto, una así necesito.

Lo siguiente fue extremadamente sencillo. En efecto, la cadena se rompió al primer esfuerzo. Yo había conseguido un cómplice por que no estaba segura de qué tanta fuerza bruta iba a necesitar (y yo soy una bruta con fuerza, pero no tanto). Ahora estoy segura que incluso yo puedo romper una cadena de esas. Es sencillísimo. Ni siquiera se suda en el proceso.

Se que comencé una guerra. Está mañana la otra bici seguía afuera, pero no pasará mucho tiempo pa que el vecino se de cuenta que no tiene cadena. Él o cualquiera menos pendejo que él. Se que desde este momento no puedo dejar mi bici por ahí, por que habrá retaliaciones. Y sobre todo se que seguramente ese vecino si sabe quien soy yo, lo que le da una GRAN ventaja (todos hemos leído el arte de la guerra).

En todo caso, es impresionante la cantidad de ideas que se te ocurren cuando ya eres dueña de una pinzas para partir cadenas, y cuando ya haz cruzado la línea de no retorno. Esa que te convierte en una vándala a propiedad ajena. 

PD: Iba a haber fotos, lo juro. Pero mi amigo el gamín no quizo que hubiera pruebas y pues la verdad me convenció. Es mejor hacer el daño, y no dejar evidencias, más allá de las necesarias, como claro, la cadena rota. AHI. 

7 comments:

N.Santamaría said...

gato igualado!

Y para que vea que no todos en Colombia somos violencia, no la voy a volver pedazos, ni a amenazar.

gerente said...

pero sumercé es muy decente, yo lo que hubiera hecho es cortar la bicicleta amarilla y sacarla despedazada...
ahora no será que alguien le regaló la bici amarilla y debe estar por recibir un sobre con la clave de la cadena de seguridad? no, esa posibilidad no cabe...?
ole y como así es que a uno allá no le venden una cizalla de mano en las ferreterías si no lleva el carné de ladrón?

Knox said...

Estoy seguro que es tan idiota y pendejo que no sé dio cuenta de su bestialidad y cuando vea rota su cadena, el va decir que poca madre y se va quedar con la duda de quien lo hizo. En fin te es leve a mi pasa muy seguido que obstruyen la entrada de la casa por que en las casas de a lado venden tacos o hamburguesas

Adrián said...

Bueno, de colombiana poco, el colombiano NO pregunta, NO espera, NO amenaza, solo compra las pinzas y actúa, la diplomacia viene después con una nota colgada a la cadena ya rota que podría decir: "la próxima vez no estaré de tan buen humor".

Mafe said...

Te conté que hace algunos días le serrucharon la cadena a mi bici? que la tenía amarradita en donde pensé que no molestaba a nadie y un buen día... oh oh!

Menos mal eso pasó en la gringolandia, debajo de la escalera de mi casa, no la tenía amarrada a ninguna otra... y se la robaron!

:o(

Nelson Castillo said...

No he leido El arte de la guerra :-)

CRL said...

No es que los mexicanos seamos credulos, es que al de la ferreteria le valia madres tu explicacion, aca no necesitas dar explicaciones para comprar algo, solo lo pides y ya .