Gracias a los adelantos de la tecnología yo puedo compartir con los que están lejos casi todo lo que hago día a día. Puedo grabar video, audio, tomar fotos, escribir, conectar la webcam, compartir la música, los documentos, el calendario, todo. O bueno, casi todo.
Ahora que en México empieza el verano (el que siga creyendo que con este calor esto es primavera que regrese cuando no sea tan iluso) recuerdo que aún con todos los adelantos de la tecnología yo no puedo compartir los olores. Y resulta que el barrio en donde ahora vivo huele a lo mismo que olía la Bucaramanga de mi infancia. Sobre todo en las noches.
Las noches de tierra caliente deben ser iguales en todo el mundo. Sobre todo si uno vive en una ciudad de casas, en donde la gente aún abre la puerta y saca las sillas al frente para recibir un poco de la única brisa que corre tranquila. Y hay algo con ese olor a tierra caliente, a brisa, a pasto verde, al día que ya se acaba….que a mi me devuelve inmediatamente a la Bucaramanga de mi infancia.
Cuando yo era niña todas las vacaciones las pase en casa de mi abuela materna (la nona) en Bucaramanga. Era la ciudad de todos los primos y la única ciudad en donde nos dejaban salir hasta las “indecentes horas de la noche” sin mayores problemas. Éramos tantos primos, y siempre andábamos en grupo, que nadie venía ningún problema en que caminábamos de noche de casa en casa mientras recogíamos más gente para jugar a las escondidas, o comíamos en todas las cocinas que se nos atravesaban.
De vez en cuando los paseos incluían a mis padres que también iban a descansar un rato, y entonces salíamos los cuatro de noche, a casa de algún primo a celebrar alguna novena o el cumpleaños de alguien, que bien podía ser el mío. Eran noches de verano, tranquilas, frescas, con el ese olor a tierra caliente, con el pasto un poco fresco, con la gente en las calles, con la alegría de poder caminar 4 cuadras in morir asfixiado…..a eso me huelen a mi las tardes de verano.
Ahora vuelvo a vivir un verano como tal. En las noches, aprovechando que si se puede, me gusta regresar caminando hasta casa, y me voy por toda la Condesa, evitando las grandes calles, conociendo y recorriendo el barrio y viendo la gente. A veces me gusta tanto el barrio que ni siquiera prendo el reproductor de MP3. Muy pocos saben que lo mejor de las noches, son los sonidos.
La gente de la condesa, la que no vive atrapada por los bares y los antros de las grandes avenidas, es gente de casa. Es decir, esas casas que tienen portón y contraportón. Y que salen con sus mecedoras al frente para recibir la brisa que a esa hora si corre. Muchos, pero muchos, están paseando a sus perros, y hay algunos muy inteligentes que aprovechan esa hora para hacer ejercicio. Los entiendo, si de correr se trata, yo también prefiero que sea cuando ya no está el despiadado sol de las 2 p.m (y sus 34 grados centígrados).
La magia de todo el asunto, es que bordeando las calles pequeñas, y dando grandes rodeos por la Condesa, siente uno que en realidad se fue a vivir a una ciudad pequeña, y de tierra caliente. Como la Bucaramanga de mi infancia. Me pregunto cuánta gente mexica sabra en realidad que la Condesa es mucho más que la Calle de Tamaulipas y el Pata Negra?. Yo apostaría que muy pocos...si acaso los afortunados que preferimos caminarla
El problema, en realidad, es que no se han inventado el aparato que permita extrae el olor de las noches de verano en tierra caliente, los junte con mis recuerdos de infancia y me dejen compartirlos con los que están lejos.
Habrá que seguir esperando.
Tuesday, May 06, 2008
sueño de una noche de verano
Monday, May 05, 2008
Duda

¿Cómo se le dice a un autorretrato que no hizo uno?. (la pregunta tampoco es del todo mia....hace mucho la leí ya no recuerdo donde)
Tomada de phdcomics.com.
Sunday, May 04, 2008
Sirva la ocasión
“El estudio tres se colma de la no-tribu, esos jóvenes que ya no vemos porque no deciden hablar a través de su maquillaje. Son novios tomados de la mano, grupos de amigos de la universidad, primos, gente que ha concursado para obtener los boletos en MTV. Se ven – digamos – normales, en sus camisetas holgadas, los jeans, los tenis sin marca. Nadie exhibe el instante congelada en que se prensó un clip a los parpados, nadie se puso spray como si su cabeza fuera un grafiti en 3D, nadie trae botas hasta la rodilla”.
Tomada de la Gatopardo de este mes, solo para explicar que en México también hay espacio para nosotros. Los normales....
Friday, May 02, 2008
Algunas cosas si van a cambiar.
Yo en Colombia coleccionaba la Gatopardo y la Soho. Las coleccione desde que salieron por que tengo heredado desde mi abuela esto de coleccionar revistas (ella con su infaltable “selecciones”). Descubrir la Gatopardo acá en México ha sido un gran respiro, pero la ausencia de la SOHO ha sido siempre una perdida.
Hace un par de meses me mandaron desde Colombia, como regalo, la revista SOHO de colección. Esa, sabrán uds allá, en donde por un lado es para mujeres, y por el otro es para hombre. Así, en una de las portadas está una vieja embola, as usual, y en el otro, está el Tino Asprilla como dios lo trajo al mundo.
Esa revista, junto con las Gatopardo de acá, están ahora en mi casa en la mesa de centro de la sala. Es nuestro único adorno (además de una pirámide que no se quita de esa mesa) y un par de plantas que nos regalaron. Escribo en plural, no por que tenga problemas con la primera persona del singular, sino por que en esa casa vivimos dos. El asunto iba muy bien hasta que empezaron a ir amigos mexicanos de visita por que “estamos muy cerca y vamos a caer”.
El problema, claro, no son los amigos. A mi siempre me han encantado esos planes. Yo se que en el fondo es admitirse un poco “el desparche” de la gente, pero creo también que habla de la confianza y la comodidad que sienten estando con uno. Nadie va a hacer visita a una casa en donde no se sienta a gusto. Así este debajo de la puerta.
El problema es que absolutamente TODOS mis amigos/as mexicanos se han escandalizado con la SOHO. Al punto, en que hemos decidido censurarla y arrimarla en un montón de mi cuarto. Todas las conversaciones empezaban con “ayy que revistan tienen” y de pronto los ojos como platos, el “pero qué es esto”, el “dios cristina, en serio” y las mil y una explicaciones consecuentes. Y ya me canse de explicarme
En Colombia no era así. Mis amigos y mi novio a la fecha (la misión médica) amaban que fuera yo la que comprara sagradamente la SOHO. Habían organizado un sistema de préstamos en donde solo me la dejaban a mi 15 días, para después hacerla circular de mano en mano sin necesidad de pleitos. Después de algún tiempo la revista volvía a mi casa, pero ahí si, yo me cuidaba mucho de tocarla. Yo colecciono la SOHO por los artículos, pero no puedo jurar que todo el mundo haga lo mismo.
El asunto es que mis amigos allá jamás se escandalizaron por las SOHO de mi casa. De hecho, era un buen tema de conversación y era una buena manera de empezar o terminar las borracheras (sin detalles). Acá, bueno, acá están arrumada en mi cuarto….esperando.